Friday, December 25, 2009

UN MUNDO DE PERVERSIONES por Paco Gisbert

Un lustro después de su penetración en la sociedad estadounidense, el cine X gozaba de una excelente salud. La sociedad americana había alcanzado un grado de madurez tal que cualquier perversión sexual en la pantalla era acogida con entusiasmo.

En 1977, Radley Metzger, que había asombrado al público dos años atrás con “Sensuales tardes con Pamela”, osaría filmar un porno cuyos valores cinematográficos se supeditaban al interés sexual. Esta porción de pornografía pura se llamó “Barbara Broadcast” y entraba de lleno en las relaciones perversas que se pueden establecer entre el sexo y la comida en el marco de un restaurante. Salsas con esperma, camareras que se ofrecen como postre o platos con sabor a flujo vaginal son algunos de los ingredientes de este guiso visual por el que Metzger se asomaba al balcón de la perversidad y que los años han convertido en un clásico.

Pero no todas las perversiones del ya maduro porno americano tenían un componente alimenticio. Rayando la estricta legislación norteamericana sobre menores, Alex de Renzy realizaría ese mismo año “Baby Face”, la historia de un hombre seducido por una adolescente y perseguido por su afrentada y furiosa madre. La protagonista, Cuddles Malone, era mayor de edad en el momento de actuar en el filme, pero su cándido aspecto le hacía aparentar no más de quince años. “Baby Face” introduciría en el género la fascinación por las muchachitas en la flor de la vida, un tema que se desarrollaría ampliamente durante los años siguientes y que proporcionaría un buen número de rostros juveniles a la inagotable imaginería del porno.

El sustrato de necrofilia que despide “Soft places” de Wray Hamilton es perverso, pero más lo es la “lluvia dorada” a la que se somete Annette Haven con tal de cumplir los designios de su difunto marido en esa película. Tanto como su ambigua personalidad en “Visions of Clair”, de Thomas Erp, uno de los filmes más enigmáticos de aquel año. La continua utilización de los espejos, la utilización de coreografías y danzas sexuales y su simbolismo (que recuerda en muchos momentos a la atípica “A través del espejo”) hicieron de la película de Erp uno de los referentes culturales de la época.

La recreación del subconsciente también servía para desarrollar las más intrincadas fantasías. En “Midnight Desires”, de Amanda Barton, dos parejas se cuentan sus perversiones sexuales y, posteriormente, las pasan por el tamiz del psicoanálisis; en “Honeymoon Haven”, el dueño de un pequeño hotel relata las aventuras sexuales de antiguos clientes; y en “Her last fling”, de Bruce van Buren, la propia protagonista de la historia se atreve a llevar a cabo sus más íntimos deseos al conocer por boca de un médico que le quedan sólo tres o cuatro meses de vida.

La protagonista de “Her last fling” se entrega al sexo participando en un grupo que organiza orgías. La orgía, herencia directa de los felices años de la contracultura, todavía conservaba su halo de trangresión en el edad de oro del porno norteamericano, aunque ya no era un elemento tan recurrente como algunos años atrás. El sexo en grupo iba a dejar paso, poco a poco, a la imaginación, la puesta en imágenes de los deseos ocultos y las relaciones sexuales libres pero dentro de un orden.

HOMBRES, HOMBRES
El cine X, desde sus inicios, ha relativizado el papel de los hombres en escena debido al papel estelar que las mujeres desempeñaban en él. Sin embargo, durante la década de los 70, algunos actores alcanzarían la categoría de mitos sexuales con la única base de sus actuaciones en películas porno. El más famoso de todos los tiempos fue, sin duda, John C. Holmes, un personaje tendente a los excesos cuyo impresionante miembro viril llegaba a los 35 cm. en todo su esplendor. De similares dimensiones era el aparato de Tony Pérez, un hispano apodado “El Gancho” por la extraña curvatura de su herramienta de trabajo que debutó en el cine X en 1977 con “Anyone but my husband”. Pero también, atraídos por el esplendor del cine X, se acercarían a él personajes famosos en América, como el antiguo jugador de fútbol americano Otis Sistrunk, cuya efímera carrera como actor porno comenzó con “Baby Face”.


EL PORNO VISTO POR LAS MUJERES
No son muchos los ejemplos de cine X realizados por mujeres. En un género eminentemente masculino (aproximadamente el 80 % de espectadores son hombres), la mirada de la mujer es casi anecdótica. Roberta Findlay fue una de las primeras féminas que intentó aportar su punto de vista al cine X por medio de películas en las que el sexo femenino se rebelaba contra su supuesta debilidad para hacerse fuerte. En 1977 realizó “Anyone but my husband”, un curioso filme que cuenta la historia de una mujer que, despechada por su adúltero marido, decide liberarse de prejuicios y usar el sexo como arma. Findlay (que utilizó el seudónimo de Robert Norman para firmar su obra) creó con Nora, el personaje principal de la película, uno de los más espléndidos retratos de la psicología femenina que ha dado jamás el porno, similar en atractivo a la Clair de “Visions of Clair”, el otro filme de 1977 que atrajo a muchas mujeres hacia el desconocido mundo del cine X.


Paco Gisbert