Thursday, February 4, 2010

Garganta profunda




Pocas películas han tenido una influencia tan decisiva en la historia del cine como “Garganta profunda”. Lo que primitivamente era un filme menor que mostraba sexo explícito, acabó convirtiéndose, casi por casualidad, en un hito del séptimo arte, un acontecimiento de masas y una poderosa arma en la lucha por la libertad creativa.

A finales de la década de los 60, Nueva York bullía bajo la efervescencia de la cultura “underground”, el emergente cine de autor y las representaciones teatrales del “off Broadway”. En improvisados estudios instalados en destartalados “lofts” del East Village, decenas de personas iniciaban entonces la aventura del cine con sexo explícito, impulsados por una sociedad cada vez más tolerante con la pornografía y una administración que dudaba sobre los supuestos daños morales que dicho cine podía causar en la sociedad. Entre aquellos pioneros del cine sicalíptico había personajes como Harry Reems, un aspirante a actor que pateaba los teatros alternativos en busca de un papel, Gerard Damiano, un antiguo peluquero de Queen’s que anhelaba dirigir películas independientes, y Chuck Traynor, una especie de “chico para todo” que colaboraba en los modestos “loops”, cortometrajes rodados en 8 mm. de temática sexual que servían para alimentar los programas en las salas de repertorio. Un buen día de 1970, Traynor llegó al estudio de grabación con su novia, una joven delgada con secuelas en su cuerpo de un terrible accidente de circulación, a la que presentó como Linda Lovelace.


Gran parte de aquel negocio lo controlaba Louis “Butchie” Peraino, uno de los miembros más influyentes de la familia Colombo, clan mafioso de gran presencia en la Gran Manzana. Animado por el relativo éxito de Mona, la virgen ninfómana, el primer largometraje pornográfico comercializado en los Estados Unidos, Peraino pensó en realizar una película de algo más de una hora de duración con sexo explícito, que pudiera exhibirse en las salas comerciales para rentabilizar el empuje que ese tipo de cine estaba teniendo en todo el país. Contrató a Gerard Damiano, un realizador que se vanagloriaba de hacer films, no cortometrajes de poca monta, el mismo día en que Traynor y Linda acudía al despacho de Peraino para que les financiara un “loop”. Tras una breve conversación, quedaron para acudir a un club de intercambio de parejas esa misma noche. Allí Damiano descubrió el “talento” de Linda Lovelace. El “talento” de Linda Lovelace consistía en realizar una técnica de felación por la que se introducía completamente el pene en su boca. Ese mismo fin de semana, sin poder quitarse de la cabeza el prodigio que había visto (y experimentado), Damiano escribió el guión de “Garganta profunda”.



El 11 de enero de 1972, Gerard Damiano dejó Nueva York en dirección a Florida. A su lado, en el flamante Cadillac azul y blanco propiedad del director, viajaba Harry Reems, un viejo amigo de Damiano al que había convencido para que trabajara en la película como ayudante de producción y que debía tener un pequeño papel en la cinta. Unos días después, tras buscar infructuosamente un actor en Florida que pudiera interpretar al personaje del doctor, Damiano ofreció el papel a Reems. Este aceptó, pese a que su interés era alejarse del mundo del porno en el que había trabajado principalmente por necesidad, a causa de la amistad que le unía al director neoyorquino.



“Garganta profunda” se rodó en menos de un mes en escenarios naturales en Florida. Otras dos semanas duró el proceso de postproducción en Nueva York, donde se filmaron algunas escenas adicionales. Fue un rodaje apacible, sólo perturbado por la creciente tensión entre Chuck Traynor y Linda Lovelace, que impedía concentrarse a la protagonista de la película, y por la climatología, que frustró el plan de trabajo por causa de los inoportunos días nublados. Butchie Peraino financió el filme al aportar 24.000 dólares, que llevó personalmente en un maletín a Florida.
Cuatro meses después de finalizado el rodaje, el 12 de junio de 1972, “Garganta profunda” se estrenó simultáneamente en 300 salas repartidas por todos los Estados Unidos, pero pasó sin pena ni gloria. Unas semanas más tarde, cuando el filme estaba a punto de caerse de la cartelera y en algunas ciudades ya no se exhibía, al World Theater de Nueva York fue a verla el crítico Al Goldstein, editor de la revista “Screw”, quien escribió una reseña en su publicación en la que calificaba la cinta como “la mejor película porno jamás realizada”. La crítica de Goldstein, al que meses más adelante Linda Lovelace agradecería personalmente el favor mostrándole de primera mano su principal habilidad, coincidió con la decisión del alcalde de Nueva York de confiscar la copia acusándola de obscena. Ambas circunstancias fraguaron el mito de “Garganta profunda”.


A partir de entonces, la opera prima de Gerard Damiano se convirtió en objeto de culto. La gente acudía en tropel a ver la cinta mientras, en diferentes estados de la Unión, las autoridades hacían lo posible para que nadie pudiera verla. Personajes del mundo de la cultura y el espectáculo reconocieron públicamente haberla visto, las televisiones se inundaron de chistes que hacían referencia al filme y la batalla legal en contra de su prohibición se convirtió en el principal caballo de batalla en la dialéctica entre los defensores y los detractores de la libertad de expresión. Al mismo tiempo, Linda Lovelace se erigió en la gran estrella de los medios de comunicación, al acumular portadas y entrevistas en las más importantes revistas, radios y televisiones de todo el país.


En 1976, cuatro años después de aquella explosión de libertad, todavía no se habían apagado los ecos que generó “Garganta profunda”. La película permanecía en cartel en decenas de salas de los Estados Unidos, fue estrenada en Francia con honores de filme de culto y había recaudado unos 100 millones de dólares. Hoy en día, 37 años después de que Damiano y Reems emprendieran viaje a Florida a bordo del Cadillac azul y blanco con destino a lo desconocido, se estima que la película ha reportado unos beneficios de 600 millones de dólares.


LUCES Y SOMBRAS DE UNA GARGANTA


Nadie duda de que “Garganta profunda” cambió la vida de sus dos protagonistas, para los que hay un antes y un después en su trayectoria personal cuyo punto de inflexión está en su participación en el filme. En el caso de Linda Boreman, nacida en el Bronx (Nueva York) el 10 de enero de 1951, la cinta de Damiano significó convertirse en la mujer más famosa de América. Durante año y medio, su presencia en los medios de comunicación fue constante, sus apariciones en televisión, estelares, y su capacidad para sacar partido del filme, inagotable. Boreman, que había cobrado 500 dólares de caché más 200 dólares al día por actuar en el filme, una cantidad apreciable en una época en la que las actrices ganaban 100 dólares por “loop”, rentabilizó sobre todo su ego, más que su cuenta corriente. Publicó un par de libros, “Dentro de Linda Lovelace” y “Diario íntimo de Linda Lovelace”, que devinieron éxitos de ventas y en los que explicaba sus intimidades además de pormenorizar cuál era su verdadero secreto para practicar el sexo oral, y se codeó con Frank Sinatra, Hugh Hefner o Sammy Davis Jr. Pero pronto se extinguió su llama. Despreciada por una sociedad que sólo valoraba sus habilidades para el sexo, Linda nunca consiguió hacer carrera en el cine convencional y cayó en el olvido. Separada de Traynor en el momento más alto de su ascenso a los cielos, Linda acabó casada con Larry Marciano, un modesto reparador de teléfonos de Long Island, con el que vivió una apacible existencia como ama de casa. Sin embargo, se resistía a renunciar a su celebridad y, en 1981, publicó “Ordeal”, un libro en el que atacaba sin piedad al cine porno, en el que afirmaba haber participado bajo amenazas de muerte. Tan triste arrepentimiento culminó con su afiliación a la asociación ultraconservadora “Mujeres contra la pornografía”, que le procuró media docena de apariciones en “shows” televisivos. Volvió a intentarlo seis años después con la publicación de “Out of Bondage”, en el que insistía en sus argumentos contra el porno. Pero de nada le sirvió. La siguiente vez en que los medios de comunicación la tuvieron presente fue cuando reseñaron que el 22 de abril de 2002 había fallecido en Denver (Colorado) víctima de un accidente de tráfico.


Peor suerte corrió Herbert Streicher, también oriundo del Bronx aunque cuatro años mayor que su compañera de reparto en “Garganta profunda”. Y no por su propia voluntad. Actor vocacional, Streicher pateó los teatros del East Village en busca de un papel mientras encontraba refugio en los “loops” que hacían furor a finales de los 60. Con “Garganta profunda” se convirtió en lo que había soñado toda la vida, un papel protagonista, ya que su idea de la actuación era muy simple: “si puedes hacer porno, puedes hacer cualquier cosa”, decía. Repitió al año siguiente con Damiano en “El diablo en la señorita Jones”, la obra maestra del director neoyorquino, pero el juicio promovido en 1975 por el fiscal de Memphis Larry Parrish contra la película lo convirtió en el principal acusado de obscenidad. Condenado a dos años de prisión “por interpretar un papel”, según su defensa en el juicio, el actor ya conocido en todo el mundo como Harry Reems se libró de la cárcel gracias a la apelación promovida por los sectores más liberales de la sociedad norteamericana, con la ayuda de estrellas de Hollywood como Warren Beatty y Jack Nicholson. Tras el mal trago, Reems intentó iniciar una nueva vida trasladándose a Los Angeles. Recibió una oferta para interpretar al entrenador del colegio en la versión cinematográfica del musical “Grease”, pero finalmente fue rechazado por su pasado en el cine X. Entonces se dio cuenta de que si había hecho porno, no podía hacer cualquier cosa, lo que agudizó su inclinación a la bebida y acentuó su depresión. Pasó por varias clínicas de rehabilitación hasta que, en 1982, aceptó una oferta del productor Reuben Sturman para volver al porno. Durante tres años volvió a los platós, pese a que no había superado totalmente sus adicciones, y, en 1986, se retiró definitivamente apoyado por su mujer, una camarera llamada Jeanne Starret con la que se había casado un año antes. Desde 1989 vive en una casa en el campo, en Utah, dedicado a los negocios inmobiliarios y con pocas ganas de remover su pasado.


DAMIANO PROFUNDO


Quien mejor conoce los entresijos de “Garganta profunda” es la persona que escribió el guión y dirigió la película. Gerard Damiano (Nueva York, 1928) había trabajado en una peluquería del barrio de Queen’s junto a su mujer, pero tenía ambiciones de autor cinematográfico. Dirigió una película de corte semiaficionado, “We all go down”, antes de comenzar a dirigir “loops” y documentales de tipo pornográfico, el género que le dio la fama. Estas son algunas de sus opiniones sobre la película que lo lanzó a la fama, extraídas de diversas entrevistas concedidas en los años siguientes a su realización:


* “Yo quería hacer de Linda Lovelace una estrella. Nunca le hablé de serlo a base de felaciones, sino de interpretar un papel tal y como estaba en el guión”.
* “Cuando escribí el guión pensé en no mostrar nunca a Linda totalmente desnuda. Recuerdo que intenté evitar su cicatriz en el abdomen y que, en ocasiones, debía vestir unas bragas blancas. Intenté mantener el misterio sobre algunas partes de su anatomía durante la película. No podía olvidar que estaba trabajando con una actriz de pechos pequeños, y eso no lo quería el público en aquellos tiempos”.
* “Cuando acabé la película, los Peraino pusieron objeciones al título, pues pensaban que nadie lo entendería. ‘No os preocupéis’ les dije ‘Garganta profunda llegará a ser una frase familiar’”
* “El éxito de Garganta profunda se debió a que fue perseguida por la ley. Ellos, los jueces y los fiscales, le dieron fama a la película”.
* “Me siento responsable de haber hecho algo por el movimiento de liberación sexual en los Estados Unidos. Pero del mismo modo que son responsables Linda Lovelace o Harry Reems. Hicimos cosas que nadie había hecho hasta entonces y, además, nos divertimos”.
* “Yo poseía originalmente el 30 % de los beneficios de Garganta profunda, lo que significaba un neto superior a 100 millones de dólares. Pero realmente nunca cobré más de 15.000 dólares por ella y siento que es una de las mejores cosas que he hecho en mi vida. Porque no quería que nadie me dijera qué tipo de películas tenía que hacer. Hice un mal trato, pero, ¿acaso quieren verme con las dos piernas rotas?


MUCHO MÁS QUE UN FILME X


“Cuando Johnny Carson fue a ver Garganta profunda, la puso de moda”. Esta frase de Chuck Traynor ejemplifica la trascendencia social que tuvo entre la sociedad americana de principios de los 70 el filme de Damiano. Pero el presentador del “late night” más popular de la televisión americana en aquella época no fue el único que no resistió la tentación de entrar en una sala a ver las habilidades de Linda Lovelace. La mayoría de las estrellas de Hollywood acudieron al Pussycat Theater de Santa Monica a disfrutar de la película, e incluso Sammy Davis Jr., que a partir de entonces establecería una relación muy especial con Traynor y Lovelace, organizó una sesión exclusiva para vips. Alquiló por una noche el Pussycat Theater, contrató un catering exclusivo a base de foie gras y champán francés y convocó a sus amigos, entre los que estaban los actores Suzanne Pleshette, Tommy Gallagher, Shirley McLaine o Dick Martin, quienes acudieron en limusina al pase privado organizado por el cantante y actor. Cineastas como Mike Nichols, actores como Jack Nicholson, Peter Fonda o Warren Beatty, escritores como Truman Capote y cómicos como Ed McMahon también pasaron por la sala californiana aunque no acudieron a la sesión exclusiva de Davis.


“Garganta profunda” se hizo tan popular que la prensa bautizó al informante del caso Watergate con ese nombre. Y de esa manera llegó a España la primera referencia de la mítica película. En aquel 1972, nuestro país vivía todavía bajo la dictadura del general Franco y sólo un puñado de intelectuales sabía de la existencia de un filme que mostraba sexo explícito con total normalidad en las pantallas. Pero, para la gran mayoría de los españoles, pornografía era sinónimo de desnudo en el cine y el mejor ejemplo de cine porno era la mítica escena de la mantequilla, que pocos habían visto en Perpignan pero de la que todos hablaban, en la que Marlon Brando simula aplicar dicho lácteo en el año de Maria Schneider en “El último tango en París”.

Deep Throat. EEUU. 1972.
Intérpretes: Linda Lovelace, Harry Reems, Dolly Sharp, Carol Connors, Ted Street.
Producción: Lou Perry y Phil Parisi.
Dirección: Jerry Gerard (Gerard Damiano)

Vía Paco Gisbert